domingo, 1 de marzo de 2015

It's my life.

Sometimes you wanna get away from your life,
Sometimes you wanna get away from the horizon
In your eyes

I've fallen off the bottom of your timeline,
I know you've found a better way of spending your life,
Well it's your life
(My life, Kaiser Chiefs)

Siempre tenemos preguntas existenciales, preguntas de aquellas que no tienen respuesta o que nosotros somos incapaces de responder aunque sabemos que otros sí tienen esa capacidad. Creo que, cada día, cuando nos levantamos siempre nos surge una pregunta sin respuesta o bien nos cuestionamos la misma del día anterior. Pues bien, yo llevo días con la misma pregunta; ¿qué lugar ocupo yo? 

Día tras día, me levanto pensando en el lugar que ocupo yo en tu vida. ¿Soy importante? ¿Necesaria? ¿Imprescindible? Suspiro pensando que no lo sé. Me asusta, me da miedo no saber qué lugar ocupo a día de hoy en tu vida, si soy importante o no, si alguna vez ocupé un lugar importante en tu vida, en tu corazón. 

Los actos hablan más alto que las palabras, dejan todo más claro, nos enseñan lo sucedido, resuelven preguntas que en nuestra mente están sin responder. Los actos y no las palabras son las que me hacen entender que quizás yo ya no importo nada para ti. 

No es que no me llames, o no hablemos tan seguido. No se trata de eso, porque créeme, no se necesita hablar cada día con una persona para saber que le importas, para saber que te quiere, para saber que si lo necesitas ella estará ahí. No necesito un abrazo tuyo día sí y día también, ni tampoco que estés presencialmente de Lunes a Domingo. No, no es eso. 

Sin embargo, debes llamar cuando sabes y sientes que algo va mal, debes estar ahí cuando te necesito, debes abrazarme cuando notas -a lo lejos- que he tenido un día malo y estar presencialmente en esos momento difíciles. Sabes, hay personas que lo valen mucho y que no merecen tener ni siquiera un minuto de un día gris. 

Por eso, cuando sé que alguien que me importa no está teniendo un buen día, intento estar ahí, intento que sonría, intento animarla. Quizás ese es el problema, que tú no sientes lo mismo o a lo mejor nunca sentiste nada. Quizás es por eso que ya no hay llamadas, ni mensajes, ni siquiera un "hola" cuando los dos sabemos perfectamente que me has visto.

Tranquilo, no eres el único que actúas así. ¿Duele? Sí, claro que duele, pero, como todo en esta vida es superable. Quizás porque tú no me llegaste a importar la mitad de lo que me importan otras personas, otros amigos. Ahora debes actuar en consecuencia, saber que ya todo está perdido, saber que ya no hay nada que recuperar. 

Perdemos a alguien y a veces no lo notamos, no lo vemos venir, nos deja perplejos cuando pasa, anonadados. No obstante, hay en casos en los que se ve venir. Casos en los que poco a poco se empieza a poner distancia de por medio, donde las bromas ya no se sienten igual, sino que se clavan como pequeños pedacitos de cristal en tu cuerpo, en tu corazón. 

Poco a poco, nacen las dudas del verdadero valor de una amistad, de lo que significa esa persona para ti y si de verdad formas parte de su vida. ¿Lo haces? Sé que tú también te lo preguntas. Intentas por todos los medios llegar a esa persona y no lo consigues, te esfuerzas por esa amistad y ellos no se dan cuenta que esto es cosas de dos. 

Cuando pasan este tipo de situaciones, es cuando quieres huir. Es tu vida, puedes hacer lo que quieras, aunque si lo piensas huir no soluciona las cosas. Quieres salir corriendo porque todo lo nuevo asusta, es diferente, no sabes como enfrentarte a ello, no sabes qué hacer, ni como responder a las preguntas que surgen a lo largo del camino. 

Sin embargo, debes creer que siempre encontrarás una manera de salir adelante y eso es lo que ellos no ven. Sí se puede. Te marcas un nuevo objetivo, vas a por él y es entonces cuando aquellos que fueron desapareciendo quieren volver a formar parte de tu vida. ¡Tu vida!

¡Oh, Dios! Llevabas días planteándote que lugar ocupabas en sus vidas y ahora son ellos los que quieren formar parte de tu vida, quieren estar presentes. Pues bien, mira lo que te digo: es mi vida. Así que la respuesta es no. 

¿Darte una segunda oportunidad? Podría, si lo considero oportuno. Si yo llegara a creer que te lo mereces, que vale la pena perdonar -aunque no llegue a olvidar- lo haría. En este caso, eso no sucederá. No señor. No vale la pena, cuando tiraste la toalla antes de tiempo, cuando fuiste desapareciendo así, sin más. 

Ya lo dicen, quien ríe último ríe mejor. ¿Qué crees que estoy haciendo ahora?  


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguimos viviendo de sueños.

Ojalá poder hablar sin tapujos, ser un maldito libre abierto, no dejar que te coma por dentro, que en ti haya un malestar generalizado por a...