La humildad no permite hacer alardes de lo que se sabe o se tiene. Quien presume de su sabiduría no es más que un necio. Quien hace ostentación de su abundancia es porque nada le pertenece.
(Adelaida Artigado)
Todos deberíamos ser honestos, ya no con el mundo, sino con nosotros mismos. Todos deberíamos pararnos frente al espejo, mirarnos y hacernos un par de preguntas. Todos deberíamos ser capaces de no mentirnos a nosotros mismos, de no engañarnos, porque al final salimos perdiendo.
¿Somos honestos? ¿Somos humildes? ¿Somos personas sencillas capaces de admitir que en esta vida no sabemos todo? Algunos sí, otros ni siquiera se plantean estas cuestiones. Y hoy, como no, me centro en esas personas demasiado orgullosas que no tienen en su diccionario la palabra humildad.
Yo no sé describir la humildad en sí, no sé dar una definición exacta, ni siquiera un sinónimo de dicha palabra. Tan solo puedo decir que yo lo sea, pues cierto es que son los demás los que deben juzgar si eres humilde o no. Creo que son aquellos cercanos a ti los que deben aplicarte este calificativo, porque si lo hicieras tú estarías faltando a esa palabra: humildad.
Y de eso va este post; de la no humildad. Me dedico a escribir a esas personas que se creen un Dios todo poderosos capaces de hacer y deshacer a su antojo, como si los demás fueran pequeñas hormigas a las que pisotear, con las que acabar de la manera más aplastante posible.
Vamos a ver... ¿¡Vosotros quienes os creéis que sois!? Sois personas que habláis con soberbia, con el ego demasiado alto, con una prepotencia aprendida de un lugar escondido, porque rezo para que no os hayan educado así. Sois, incluso, capaces de cortar a otras personas en medio de una oración. ¡Todos tenemos derecho a expresarnos!
Aquí todos somos humanos, por lo que nos podemos equivocar, podemos fallar y caer. ¡Eh! ¡Qué está permitido! Siempre y cuando sepamos rectificar, sepamos admitir que no somos perfectos. Sin embargo, ellos no son así. No, no. Ellos dicen saberlo todo, presumen de tanta sabiduría que nos hacen quedar a los demás como idiotas.
Queriendo quedar por encima de los demás, queriendo mirar a los demás por encima del hombro hacen lo que haga falta, incluso quedar bien, sea como sea, lo que haga falta, todo por conseguirlo. Y es entonces cuando vemos esa falta de humildad, es aquí cuando nos damos cuenta de que no son tan sabios, ni nosotros tan tontos.
Eso es lo que los hace necios. Creer que lo saben todo, hacerse los presumidos, los sabios frente a todos, querer quedar bien y que se descubra el pastel, que ellos mismos acaben retratados como lo que son; necios que poco saben en realidad, necios que no tienen nada.
Y dame paciencia para seguir aguantando a aquellos que utilizan ese tonito de voz tan chulesco y prepotente. Dame paciencia para aguantar a aquellos que todo saben, pero, que poco saben vivir y disfrutar de la vida. Dame paciencia para no dejarme pisotear por aquellos bien-queda y orgullosos que van por la vida "con la cabeza bien alta".
¿Entre comillas? Sí, entre comillas porque yo también voy con la cabeza bien alta, pero no por saber mucho, sino por aceptar que tengo mucho camino por recorrer y mucho más que aprender. Así que pido perdón por no saber al detalle el mito de Dafne y Apolo, o no saberme al dedillo el contexto anterior a Garcilaso de la Vega para así poder entender uno de sus sonetos, o por ni siquiera ser capaz de traducir correctamente una expresión latina -tranquilo, te dejo escoger a ti cual-.
Pido perdón por mis faltas de ortografía o de signos de puntuación. ¡Ah! También pido perdón por las veces que me equivoco al hablar, o por ese seseo continuo que me acompaña a todos lados. Siento no ser perfecta en todo los aspectos de la vida no solo personal ni académica.
Por último, siendo honestos con nosotros mismos, siento no saber quien es Adelaida Artigado, quien me ayudó a inspirarme para este post. Aunque seguro que tú lo sabes ¿no?
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