Honestidad, sinceridad, franqueza, confianza, lealtad. Todos sinónimos de un mismo concepto: no mentir. Dicen que las mentiras las carga diablo, y yo no sé si esto es cierto, pero sé que no hay nada más odioso que que te mientan. Nada duele más que la mirada baja de quien ya te ha traicionado.
No hay vuelta atrás, como tampoco la hay hacia la confianza. Corazones de oro por robar, por destruir. Inocencia y sueños que tirar por los suelos, con los que acabar. Momentos de risas y charlas con café que se convierten en calles vacías. Luces de colores que se pasan al color negro de la noche oscura.
¿Cuál es tu fin? Autoestimas de diferentes tipos, personas sensibles que sufren por otros. No hay punto medio; o uno se muestra egoísta en todo momento o lo da todo por los demás. No hay un equilibrio, por más que uno intente pensar en si mismo cuando en realidad tan sólo quiere lo mejor para los demás.
¿Quién vela por ti? ¿Quién te tiende la mano en los momentos difíciles? Son pocos los que se quedan cuando ya se ha recogido la mesa, cuando no queda más café, cuando las cenas copiosas se acaban. Créeme, los mentirosos no están ahí.
Entonces ¿por qué sigue doliendo? ¿por qué no aprendemos de los errores? ¡Cómo nos gusta tropezar con la misma piedra una y otra vez! Siempre vemos el lado bueno de las personas, sin entender que no todo es blanco o negro, que todos tenemos secretos, que todos hemos hecho alguna travesura alguna vez.
Sin embargo, hay gente que repite la travesura una y otra vez, sin reparar en las consecuencias, sin saber que aquella mentira fue creciendo poco a poco. Ayer era una simple pelusilla y hoy es todo ese polvo acumulado bajo la alfombra.
Personas energéticas, con una sonrisa siempre en la boca y que tras su mirada esconden todo tipo de incertidumbres. Nadie las conoce al cien por cien, o tal vez un par de ellas lo sepan. Son quienes no juzgan, quienes no preguntan, quienes no prometen, pero cumplen.
Si te llaman estúpida lo hacen con cariño, lo hacen sabiendo que te quieren, que te apoyan. Y otros tantos que no te conocen, que te mienten sin saber como afectará o quizás sí lo saben y por eso lo hacen. Es un tema tan repetitivo, tan quemado. ¿Por qué no paro?
Lo digo una y otra vez, cada día, en cada momento; no te conocen. Tómate un café conmigo, pregúntame que me gustaría hacer en mi tiempo libro, que próposito tengo planeado y seguiría sin ser suficiente. Vayamos a cenar, cónoce a mi familia y luego entenderás.
De cara al público solo dejamos ver una parte de nosotros, quizás la más buena y amena. Dejamos que nuestra imagen se forme en base a aquello que explicamos a todos. Si quieren indagar se acercarán a ti, preguntarán... Debería ser así ¿no?
¿Por qué tanto cuchicheo? Mejor hablar a las espaldas, inventar y no saber. Es más agradable y divertido criticar, crear tu propia versión de los hechos antes que preguntar, conocer y saber. Supongo que es cierto lo que dicen y mucha gente se aburre en su tiempo libre.
Quizás para ti la honestidad no sea lo más importante, y de vez en cuando permites alguna que otra mentira, pero ese no es mi caso. Sigue escribiendo tus historias sobre mí y creando tus propios juicios sobre todo aquél que te rodee sin pararte a escuchar. Sigue mintiendo, que es lo único que sabes hacer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario