martes, 8 de marzo de 2016

Mar de sensaciones.

Nos volvemos a despedir. Igual que aquella fría mañana de Noviembre, hoy volvemos a decir adiós. Otra vez, otra vez hemos sido incapaces de evitarlo, nos hemos rendido fácilmente, hemos tirado la toalla en un abrir y cerrar de ojos. Frente a las adversidades, no hemos querido continuar, ni siquiera seguir avanzando. 

Hemos querido el todo o nada, y por cobardía o miedo nos hemos quedado en el nada. Ni siquiera fuimos capaces de esperar, de dejar que los acontecimientos sucedieran a su ritmo, sin prisa ni pausa. Quisimos todo en el momento, sin ser capaces de pensar en las consecuencias, sin ver que, otra vez, nos volveríamos a decir adiós. 

Nos separamos, cada uno escoge un camino nuevo, un camino diferente. No queremos mirar atrás, no queremos girarnos, ni hacer más larga, ni dura esa despedida que llevamos tiempo prolongando. Sin embargo, la tentación es más grande, y volvemos a caer en ella. Mirarnos a los ojos es el mayor de nuestros pecados. 

Al mirarnos, nos perdemos en un mar de sensaciones, en un mar de sentimientos. Fluyen y confluyen en nuestra cabeza, en nuestro corazón. Nos inunda un intenso dolor en el pecho: el arrepentimiento. Todo lo que hicimos y no debimos haber hecho, todo lo que no hicimos y pudimos haber hecho. Aun así ¡míranos! Estamos frente a frente, perdidos en nosotros mismos, en nuestros sentimientos, en el amor y el dolor. 

Nadie quiere echar la vista atrás, pero tampoco somos capaces de apartar la mirada. Saber que fuimos tanto, saber que compartimos tanto y ahora de todo aquello queda poco. Sólo queda ese cálido susurro de buena mañana, el dulce aroma de tu perfume favorito, o el rojo de mis labios en tu cuello. Quedan memorias borrosas de lo que un día fuimos, de lo que ya no somos. 

Así se hace más grande la distancia. Es como ir retrocediendo, sin dejar de mirarte, sin dejar de recordar. Entonces, cuando una pequeña lágrima roza mi mejilla, resbala y cae al suelo, eres tú quien decide apartar la mirada, agachar la cabeza, huir, correr, no mirar atrás. 

No soportas el dolor, ni lo que aquella pequeña lágrima supone. Representan decepciones, humillaciones, las veces que no fuiste capaz de tenderme la mano, ni de coger mi llamadas. Supone probar de tu propia medicina, las veces que me hiciste sentir pequeña, y poco querida. Entiendes lo que yo he significado para ti, lo que tú has significado para mí. Por eso te vas, por eso me dejas sola y perdida en mi propio mundo, en mis propios sentimientos. 

Y fue tan fugaz tu desaparición que no pude decir adiós, aunque fuese por una última vez. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguimos viviendo de sueños.

Ojalá poder hablar sin tapujos, ser un maldito libre abierto, no dejar que te coma por dentro, que en ti haya un malestar generalizado por a...