Llega junio, y con él estamos a un paso más cerca de llegar a las vacaciones, de llegar a la ansiada libertad. Y a la vez, con este mes de junio, también llegan los recuerdos de etapas finalizadas, de caminos que se han separado, de personas que han desaparecido, que han tomado un rumbo distinto y de las que ya poco sabes.
Hoy tuve un momento de nostalgia y decidí buscar entre mis viejas carpetas esos mensajes, dibujos y cartas que algunos me escribieron el algún momento de mi vida, concretamente cuando estuve en el instituto. Recuperé todas esas palabras para darme cuenta que todo fue mentira, que tan solo fueron palabras dichas por decir, para tener contentos a todos.
Quien me iba a decir a mi que todo cambiaría de esta manera, que lo que un día fue amistad, ahora es un vago recuerdo del que rara vez me acuerdo y si lo hago es porque hay terceras personas que te nombran. Hoy cojo un recuerdo en concreto de esas viejas carpetas y una frase en especial:
Yo nunca te olvidaré. Espero que tu tampoco.
No voy a mentir, te he olvidado. O quizás no te haya olvidado, pero, no soy capaz de recordarte con la misma asiduidad con la que antes lo hacia. Te he olvidado de la misma manera que tú lo has hecho conmigo. Porque dime la verdad ¿alguna vez piensas en mí? No lo creo. Ni siquiera fuiste capaz de recordar mi cumpleaños.
Aun así, para demostrarte que yo no soy como tú, decidí felicitarte el día de tu cumpleaños, decidí felicitarte, dejar a un lado todo el rencor que te había guardado, la decepción sentida por las falsas esperanzas. Lo dejé todo en el pasado y te felicité, aunque no sé para qué.
Aquí estamos, recordando esos momentos en los que estábamos presentes, en los que había un por y para siempre y en el que ahora ya no hay nada. Porque ya lo dicen "nunca digas nunca" y tú lo dijiste.
Entonces, una tiende a olvidar esas personas que por más que hayan aportado algo a nuestra vida ya no están en ellas. Pensamos que ahora que estamos en una etapa mejor y más madura conocemos a los que estarán a lo largo de nuestra vida, de nuestro viaje.
No obstante, eso no quieta que más de uno se lleve una decepción al entrar a la universidad. Ya no se trata de las clases, ni de los profesores, ni de la vida universitaria en sí, sino de las personas que uno conoce y con las que convives.
Tras tres años con alguno de ellos, es doloroso y decepcionante ver como algunos se alejan, como algunos son capaces de inventar estúpidas excusas con tal de justificarse, de justificar su error. Es decepcionante ver como ya nada les preocupa, como no son capaces ni de decir hola si tú no los buscas.
Pero, siempre hay que saber que estás cosas pasan, que situaciones como estas seguiremos viviendo siempre, que no se acaban de un día para otro, ni de la noche a la mañana. Aquellos que se van, que no esperan volver, que no esperen a que yo esté con los brazos abiertos, esperando a que vuelvan. Se han ido, se han ido prometiendo falsas promesas, de aquellas que no vuelven, de aquellas que ya no importan.
Yo sigo aquí. Yo permanezco leyéndote, pendiente de tus palabras desde el día que te encontré. Yo no paro de asombrarme con tus entradas. Y sinceramente espero que dure porque yo tengo más que perder que tú.
ResponderEliminarUn saludo y mis felicitaciones por esta conmovedora historia. Feliz mes de junio :)
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Muchas gracias, Iván. Es bueno saber que siempre habrán personas como tú que pase lo que pase seguirán leyendo.
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